18 dic 2019

2019

Aprovecho el cierre de este año lleno de cambios para dedicarme un escrito. Dedicarmelo a mí, a nadie más. Porque siempre, siempre (siempre) dediqué mis palabras a otra persona que no sea yo. Y este año, más que nunca, merezco dedicarme unas palabras. Por el esfuerzo, el crecimiento y el trabajo.

Fue un año raro. Cambiante, con subidas y bajadas como montaña rusa. Fue un año en el cual empecé muy mal, pifiando, lastimando, fallando, equivocándome. Con ella, y principalmente conmigo.
Siempre fui de errar, diría que la Belén de los años anteriores y principios de este no me representa en lo absoluto el día de hoy. En cuanto a ideales, acciones, palabras. Lastimé mucho con o sin intención, por inocencia o egoísmo. Por hipocresía o simplemente por estar perdida. Fui todo aquello que hoy, intento dejar de ser.
Este año me sirvió para ver todo aquello que no quiero ser más. Porque en todo eso que cometí me estaba fallando a mí. A mi esencia. No me encontraba en ningún lado, ni siquiera en mí. De hecho creo que quería escapar de mí, en todo momento. No me quería.
En todos estos años que pasaron, me fui formando, fui creciendo en base al dolor, el desamor, la desilusión. Con mi poco amor propio fui golpeándome contra todo y todos. No me enfocaba en nada, no encontraba felicidad en nada, todo me parecía una verga, no valoraba lo que tenía, siempre quería algo distinto. Sentía que no pertenecía a ningún lugar, ni siquiera en mi familia, ni en mi facultad, ni entre mis amigos. Así como lastimé también perdí a muchas personas. Algunas por cosas de la vida otras por lo que exigía yo y otras por errores míos. Nunca fui auto crítica, pero sí muy egoísta.
Sé que los errores son parte del ser y todos los cometemos. Pero el crecimiento personal está en ver aquello que se hizo mal y usarlo como aprendizaje para no cometerlo más. Y ahí está todo lo lindo de vivir. El progreso individual. Para poder convertirse en mejor persona, para querer sanamente, para no desilusionar más. Para poder quererse a uno mismo, tener la consciencia tranquila y sentirnos orgullosos de lo que somos, de los pasos que damos, de las personas que tenemos. Poder hacer lo que uno siente sin miedo de nada.

Me costó mucho tiempo hacerme cargo de mi vida, tomar decisiones conscientemente, hacerme responsable de las consecuencias.

Hoy, después de meses de trabajo puedo encontrarme en un lugar distinto. Puedo escucharme. Pensarme. Conocerme un poquito más. Sé que me queda mucho por hacer, pero veo el progreso de lo que fui a lo que soy hoy. Y por eso tengo que estar orgullosa de mí. Quizá este sentimiento de culpa que cargo no es lo más sano, pero me sirve para ser una mejor versión de mi. Para poder deconstruirme, para poder ver todo eso que fui que quiero dejar de ser.
Hoy, me gusta lo que soy (aunque obviamente queda mucho por cambiar). Me siento bien, y aunque sea me puedo querer (un poco).

Sé que la vida es eso, un aprendizaje constante, el día de mañana es una nueva oportunidad para ser una mejor persona, para ayudar, para enseñar, para aprender, para querer y que te quieran. Sé que no vale la pena vivir lamentando cosas del pasado porque hoy soy mejor y mañana voy a ser mejor todavía. 
Tengo la esperanza de poder cumplir con todo lo que me propongo. A nivel facultativo, amistades, familia y amor. Sé que no todo depende de mí pero lo que pueda hacer desde mi lugar lo voy a hacer.

Tengo una deuda conmigo misma que es perdonarme por lastimarme durante tanto tiempo.

Este escrito esta hecho para el culo, pero es algo de todo lo que puedo rescatar de mi mente.